Al ingresar a la aplicación de ChatGPT, se despliega una página de inicio minimalista, en la cual se lee una frase sencilla y condescendiente: “¿Con qué puedo ayudarte?”. Esa misma comodidad y simplicidad se experimenta al pedirle a un dispositivo Amazon Echo que encienda la luz de una habitación: cuando decimos “Alexa, enciende la luz de la recámara”. Cuando scrolleamos por Facebook, Instagram o TikTok, podemos tener la sensación de que nuestras interacciones no tienen implicaciones materiales, pues nuestros teléfonos o computadoras no desprenden humo.
Todas estas experiencias tienen algo en común: el diseño minimalista de esos sistemas tecnológicos y la sensación casi mágica que genera su uso contrastan con la inmensa complejidad necesaria para su funcionamiento. Más aún: contribuyen a ocultarla.
Esto no es un simple accidente. El diseño de las interfaces de las grandes plataformas digitales y los discursos dominantes sobre lo digital parecen pensados para ocultar su materialidad, así como sus graves impactos sociales y ambientales. En contraste con el discurso dominante sobre la digitalidad, con este proyecto buscamos hacer evidente la terrenalidad de las tecnologías digitales –en múltiples sentidos: no son divinas ni mágicas, sino producto del trabajo humano; para su producción y funcionamiento se requiere de la extracción de minerales y agua, así como de la generación de energía y la extracción de agua en territorios particulares. Como inicio, exploramos el caso de México.
Adriana Franco Silva (con agradecimiento al programa UNAM-PAPIIT IN302625 por el apoyo brindado para la realización de esta investigación)
Cristóbal Reyes Núñez (con agradecimiento al programa UNAM-PAPIIT IN302625 por el apoyo brindado para la realización de esta investigación)
Miriam Millán
Leonardo Aranda
Leyla Astrid Arroyo Cabrales
Kathya Espino
Leonardo Aranda
Leonardo Aranda
Medialabmx
Miriam Millán
Marcela Flores Méndez
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